¿Por qué es importante ser optimista?




Recientemente, desde las neurociencias se comenzó a plantear que el optimismo es un factor de protección cerebral. Según los expertos en la materia, el cerebro es capaz de crear la realidad; por lo tanto, la manera en que pensamos es la manera en que sentimos.

Los pensamientos tóxicos pueden ser eliminados y de esta manera se logra corregir algunas actitudes. Por eso es necesario cuidar el cerebro a través del descanso, la meditación y el ejercicio físico. Aunque parezca no tener relación, el ejercicio físico genera miles de conexiones neuronales nuevas y refuerza el pensamiento creativo.

También el contacto social, libera endorfinas y esto contribuye con el bienestar psicológico y cerebral.  Por otro lado, dormir bien también es clave para ayudar a modular el sistema inmune, el sistema hormonal y  además consolida la memoria.

Según estos mismos estudios el optimismo es un factor de protección cerebral importante. Elegir pensar de una forma constructiva, sana y objetiva genera una actitud positiva en la vida. Visualizar, anticipar lo mejor y aprender a pensar en lo bueno y agradable, ayuda a nuestro cerebro a crear pensamientos que resultan muy poderosos para nuestra vida y la de las personas que nos rodean.

Está demostrado que una actitud positiva aporta a las personas esperanza, deseos de vivir, perseverancia y voluntad para afrontar las dificultades, encontrando las soluciones a los problemas sin caer en la desesperación.

El optimismo no significa conformarse pensando que las cosas podrían ser peores, sino enfatizar en los puntos ventajosos y prometedores de las situaciones vividas. Esta actitud supone el coraje, el entusiasmo, la pasión, la confianza, la esperanza y comprender que los errores son oportunidades para aprender.

Según últimos estudios acerca de los beneficios que aporta el optimismo, se ha llegado a las siguientes conclusiones:

1) Sentirse bien, ayuda cuando no se está bien.

Al observar a personas que sufren afecciones similares, los investigadores pueden predecir cuáles de ellas tienen más probabilidades de vivir más: las que sienten que gozan de mejor salud. Experimentar esa sensación es muy importante —e incluso esencial— cuando uno está enfermo. Al parecer, el optimismo también protege contra el estrés.

2) El optimismo es una acción.

Se sabe que la ansiedad y otras emociones negativas dañan el organismo, en especial los sistemas cardiovascular e inmunitario, y tener un carácter optimista parece proteger contra esos efectos.

Además, los estudios revelan que las personas que son optimistas respecto a su futuro se comportan de manera distinta. Hacen más ejercicio, es menos probable que fumen y se alimentan mejor. Y si se enferman, son más participativas en su tratamiento.

3) La felicidad es una sensación; el optimismo es creer que algunos aspectos del futuro resultarán bien.

La felicidad puede fluctuar mucho, pero una actitud optimista suele ser muy estable. Si no se es optimista, se  puede tratar de crear un ‘registro de acontecimientos positivos’. A todos nos ocurren cosas buenas, pero los pesimistas a menudo no las notan; dedicar unos cuantos minutos todos los días a escribir por lo menos tres cosas positivas tal vez ayude a esperarlas con más frecuencia. También en lugar de intentar ser optimista, se puede hacer lo que hacen los optimistas: trabajar con mucho empeño para alcanzar las metas. Cada logro facilitará ver el siguiente con más esperanzas.


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