¿Por qué el cerebro humano necesita del arte?




Decir que el arte es importante para el ser humano no implica descubrir nada pero la dificultad al respecto radica en explicar por qué. El arte en todas sus manifestaciones constituye una característica esencial que identifica al ser humano y ha permitido a lo largo de la historia ser un canal de expresión cultural digno de ser analizado.

La importancia del arte es suprema para el cerebro humano y la necesidad de reconocerlo se hace visible desde que uno es pequeño. En el siguiente artículo abordaremos esta cuestión haciendo especial hincapié en la importancia que reviste el arte para el ser humano incluso desde que el mismo es pequeño.

Ya en los primeros años de vida de cualquier ser humano el arte cumple un rol fundamental en tanto modo de expresión. Un niño canta, dibuja o baila y casi de forma inconsciente, se entrega al arte. Estas formas de expresión juegan un papel trascendente en tanto y en cuanto colaboran a la gestación de emociones, desarrollan la capacidad sensorial y motriz y por supuesto, optimizan la fortaleza cognitiva del ser. El arte, en definitiva, es lisa y llanamente fundamental en la vida de toda persona.

En ese marco, la educación en el plano del arte resulta indispensable y su importancia radica en que le permite al niño adquirir una serie de competencias y facultades que otros estratos del conocimiento desestiman. Ahora, entramos en otra instancia de análisis y nos abocamos a una segunda dimensión en la propuesta, la cual se desprende de la pregunta que nos guía: a la idea de por qué es importante el arte para el cerebro humano se le suma el interrogante de por qué es importante enseñarlo.

 

¿Por qué es importante enseñar el arte?

En definitiva, enseñar el arte es una actividad que merece la pena en tanto y en cuanto provee al alumno de herramientas diversas para desarrollarse plenamente como ser humano. Esta es una noción que excede a la cuestión de mirar la educación como una mera repetición de enunciados que deben ser repetidos sin el más mínimo ejercicio crítico.

Enseñar el arte es entonces una actividad que exige un mayor compromiso emocional por parte de los alumnos y por supuesto, este compromiso interpela también al docente. Los alumnos formados en el arte aprenden diversos lenguajes y los utilizan como formas de expresión, este trabajo les permite un aprendizaje mucho más activo y en función de los intereses del aula en su conjunto.

El alumno formado de esta manera aprende que su ámbito de referencia no se circunscribe a la labor docente, más bien guarda clara relación con una noción de aprendizaje colectivo en el que sus compañeros también son indispensables.

La evaluación de este tipo de trabajos también arroja resultados superadores, en tanto resulta mucho más reflexiva y atiende a los procesos de cambio que se visualizan en el todo que forma el aula.


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