¿Por qué el hambre nos pone de mal humor?




Si cuando sientes hambre te pones tremendamente irritable y todo lo que te retrase a llegar a la hora de comer sientes que te resulta intolerable, no eres un “increíble Hulk” en potencia. Todo tiene su explicación científica.

 

¿Por qué el hambre nos pone de mal humor?

Cuando el estómago está vacío más allá de cierto tiempo, se activa un sistema de respuesta que desencadena algunas señales que nos indican que necesitamos comer. Los molestos ruidos estomacales, tan embarazosos en algunas ocasiones, son un claro indicativo de que tenemos hambre y además, una de estas señales, la más conocida y evidente.

Se conoce como borborigmos a estos sonidos, que son completamente normales y no tienen nada de malo ya que, de hecho, son el mecanismo por el cual nuestro cuerpo nos avisa que es hora de comer. Otros sonidos, como el que producen los gases y líquidos del tracto intestinal, también se llaman de la misma manera.

El hambre es señal de que nuestro cuerpo necesita alimentos para reponer sus energías, cuando los nutrientes comienzan a escasear, el cerebro es el primer afectado. Ocurre que el funcionamiento cerebral depende directamente del nivel de glucosa, y cuando los niveles bajan, comienza a no funcionar óptimamente. Cuando tenemos hambre, nos cuesta más concentrarnos, cometemos errores absurdos y razonamos con más lentitud.

Pero además, la baja en la glucosa afecta nuestro funcionamiento social: nos resulta más difícil dialogar con otras personas, cuesta más comprender lo que dicen y comunicarnos. Sólo podemos pensar en comer algo.

Al mismo tiempo, el cerebro ordena la producción de un conjunto de hormonas para contrarrestar la falta de glucosa, como la hormona de crecimiento y adrenalina, esta última relacionada al estrés, ya que es la que activa la respuesta de lucha o huída. Nuestro cuerpo se activa en caso de que necesitemos pelear por alimentos. Pero en la sociedad civilizada, esto significa que estamos más propensos a discutir o confrontar con otros. Por eso, procura que nadie se te cruce en el camino cuando tengas hambre.

Es por ello el mal humor, la irritabilidad y la falta de empatía con las personas que nos rodean es una consecuencia directa de que tenemos hambre, porque a nuestro cerebro le falta glucosa.


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