¿Por qué aplaudimos?




Es habitual en un concierto, conferencia, obra de teatro o discurso, como en otras situaciones públicas, que se manifieste la aprobación mediante un aplauso masivo. Es algo casi instintivo, que una vez comienza todos siguen sin pensarlo demasiado. ¿Te has preguntado alguna vez por qué aplaudimos? Vamos a averiguarlo.

El aplauso, que proviene del latín applaudere, es una forma de comunicación no verbal que representa la expresión de aprobación golpeando las palmas de las manos entre sí, para crear ruido. Cuando muchas personas lo hacen al mismo tiempo, se produce un sonido muy particular, inconfundible. Por lo general, cuanto más ruidoso y prolongado sea el aplauso, mayor es la aprobación del público presente en un acto público.

 

¿Por qué aplaudimos?

Como tantas cosas en la cultura, la costumbre proviene del Antiguo Imperio Romano, cuando se expresaba aprobación en representaciones públicas de diversas formas: golpeando los dedos, con las palmas planas, las palmas huecas o agitando la toga (túnica de uso habitual), que luego se reemplazo por el agite de pañuelos en tiempos del emperador Aureliano.

Sin embargo, el aplauso es un gesto colectivo, impersonal, que no necesariamente representa lo que cada sujeto opina individualmente del hecho público.

El aplauso, sin embargo, se considera una falta de etiqueta en ciertas circunstancias. Por ejemplo, los teatros de Berlín prohíben el aplauso durante el espectáculo y antes de la bajada del telón. El aplauso es tenido como una falta de consideración en los conciertos de música clásica, salvo de forma moderada sobre el final de la presentación. En las óperas, sin embargo, no es poco común que se produzcan aplausos en medio de la representación, cuando cierran los actos.

Es habitual en el caso de los políticos y actores famosos que sean aplaudidos no bien entran en escena, lo cual se relaciona más con una aprobación a su trayectoria y figura, que a lo que en ese momento en particular están diciendo o interpretando. En ese caso, es un aplauso de admiración.

En shows televisivos, suele haber un grupo de aplaudidores, que lo desatan en determinados momentos y son personas pagas.

En las películas es habitual ver el “slow clap” o aplauso lento. Consiste en que una persona, tras un momento sublime, se ponga de pie y comience a aplaudir sola, lentamente, tras lo cual otros se van sumando y a medida que lo hacen, se acelera el ritmo del aplauso, para terminar con una ovación.

En el lenguaje de señas de las personas sordomudas, ya que el aplauso es sonido y ellos no son capaces de percibirlo, se manifiesta aplauso agitando las manos a la altura de la cabeza.


Sea el primero en comentar

Deje una respuesta

Su dirección de E-mail no será publicada.


*